Por: Lic. Moises Eugenio Alvarnga Luna
La historia de El Salvador, tiene páginas con hechos imposibles de olvidar. El mes de marzo guarda interesantes fechas y acontecimientos que son parte de la vida nuestra. El día 8 de marzo, se registra el día internacional de la mujer, celebración que debe contar con todas las consideraciones que el sexo femenino debe gozar, desde la igualdad de condiciones y la no discriminación en el hogar, en el trabajo y en la sociedad.
Para ello se dispone de las herramientas jurídicas a su favor como son la Constitución, la Convención de los Derechos de la Mujer, la Ley Contra la Violencia Intrafamiliar, el Código de Familia, etc. Felicidades a todas en su día, especialmente en este país donde ellas luchan constantemente por hacer valer sus derechos.
El día 12 de marzo, se recuerda el asesinato del Padre Rutilio Grande, valiente religioso que enfrentó con su mensaje al sistema político económico, quien enfurecido se lanzo en su contra para acallarlo, descargando los plomos de las armas de fuego infernales contra su indefensa humanidad, cegándole la vida en la calle que de Aguilares conduce a la villa de El Paisnal, en 1979.
El día 15 de marzo del año 2009, es decir, hace un año, el pueblo salvadoreño se levanto de mañana, con una voluntad férrea de votar masivamente para sacar del poder ejecutivo a aquellos que con las privatizaciones, la dolarización, el libre comercio y la corrupción han condenado a la gran mayoría de los salvadoreños a vivir en la pobreza.
No obstante que trajeron cientos de votantes extranjeros, como un último intento y en un acto de desesperación ante las encuestas que en ningún momento les favorecieron el triunfo, no pudieron contra el pueblo. Habían marcado las calles por donde los buses foráneos habrían de transitar. Los DUI del bien aplastaron a quienes portaban los DUI del mal. Ese día heroico el pueblo se volcó a las calles juzgando todo ese pasado oscuro y sacó a arena del poder.
El día 24 de marzo, se recuerda la triste página de la historia de El Salvador, en la que se describe el asesinato del Arzobispo de San Salvador Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Como el mismo lo profetizó, su sangre ha sido semilla de libertad, su evangelio honesto, su rectitud en conducirse, su ejemplar y valiente denuncia contra el abuso del poder político económico, provocó la furia de la bestia, quien como aquel rey Herodes se lanzó contra Juan El Bautista para acallarlo, también se lanzó contra el Arzobispo hasta quitarle la vida.
El predicador que no denuncia las injusticias y la corrupción se vuelve cómplice con su silencio de esa diabólica actuación. Desde Caín y Abel se dividieron los altares: uno que acá se vuelve cómodo al sistema, pero que no le reciben su ofrenda, es decir en el cielo no le avalan su actuar; y, el otro, que por denunciar al sistema se vuelve victima de la fiera, y utiliza a su mismo hermano para quitarle la vida, cuando se da cuenta que en el cielo no le están avalando su ministerio. El verdadero pastor debe levantar su voz contra las irregularidades que observa, pero él mismo debe vivir honestamente para ser ejemplo.
Y por ultimo, el día 30 de marzo, nos recuerda la masacre que cegó la vida de decenas de asistentes al entierro del arzobispo mártir. Desde el Palacio Nacional, las fuerzas oscuras del mal descargaron su rabia contra el pueblo, disparando sus armas, verdadero acto terrorista que nunca fue juzgado.
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