martes, 17 de febrero de 2009

¿ENTIENDES LO QUE LEES?


Esta interrogante hizo Felipe al etíope que leía muy interesado las Escrituras según el relato bíblico. Una cosa es leer y otra es entender lo que se lee. Hay una gran distancia entre ambas situaciones. Peor aún, está en una oscuridad total el que no lee. ¿Qué clase de lecturas se encuentran? Positivas y negativas. Depende de la edificación o la destrucción que puede ocasionar en el lector las lecturas que elige, dependiendo del contenido. La lectura de lo positivo te hace superar y salir adelante. Por el contrario, la lectura negativa lleva al rumbo opuesto, al fracaso, al delito, y éste puede llevar a la cárcel, al hospital y hasta el cementerio. En consecuencia, se encuentran lecturas del bien y lecturas del mal.

 La ignorancia se combate con conocimiento. El hombre está dotado de razón, la misma se cultiva desde que se nace. Es lógico que con lectura se alimenta el conocimiento. Nadie nace leyendo pero sí oyendo. Hay un universo de lecturas, elegir la constructiva o positiva es decisión personal.

Entonces la instrucción inicia en el hogar, somos los padres quienes en un primer momento debemos leer y explicar el contenido de las lecturas positivas al menor para sentar las bases que cimentarán su vida. Si así lo hacemos en su momento, que la patria nos premie y si no que ella nos lo demande. Allí se inician los futuros buenos ciudadanos pero lamentablemente de un hogar también pueden salir los malos ciudadanos.

Tampoco no podemos ya adultos seguir como niños solo esperando consumir lo que otro piensa. El entendimiento, es personal, el razonamiento nos diferencia totalmente del mundo animal. Con oír y leer se captura conocimiento. Entender lo leído es procesar en nuestro intelecto lo que se ha leído; razonarlo, discutirlo y sacar nuestras propias conclusiones.

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