miércoles, 21 de enero de 2009

DESDE EL AUTOBUS ALZARON SU VUELO MIS HERMANOS…


Con algunos de ellos compartí mi infancia, conocí su lucha por salir adelante, también su modesta forma de vivir que les permitió el sistema, limitados si, pero esperanzados en un mañana mejor que con esfuerzo y dedicación construían a diario.

 

Compartimos las cortas de café, nos reunimos muchas veces en el punto de encuentro: el único “chorro” de agua natural con el que se contaba en el lugar, cada uno acudía con su respectivo depósito para llevar el preciado líquido a su casa. Esa era la realidad que nos presentó el sistema como algo normal, ahora me doy cuenta que había que hacer mucho para transformarla. Allí crecimos, en la San Cristóbal, al sur de San Salvador, viendo el horizonte, teniendo en frente el cerro de San Jacinto. Por la altura de la Colonia, siempre estuvimos cerca del cielo, bajábamos de ella para encontrarnos con la ciudad, a trabajar, estudiar o a comprar, pero luego a subir de nuevo para contemplar como en un mirador la capital y pensar cómo mejorar esa realidad para tener un mejor mañana.

 

Todos los días alzamos nuestros ojos a los montes, como esperando la llegada de nuestro socorro. En ese entonces fuimos pocos los que entendimos la fé, pero con el transcurrir de los años se extendió y se convirtió en nuestro refugio como pobres; todos hicimos esfuerzos por hacer los cambios de esa realidad; algunos tuvimos que emigrar de la Colonia para avanzar un poco más.

 

En esa “cuesta” de acceso al lugar, está nuestro sudor, pero también allí se rodaron, algunas veces, nuestras lágrimas por la pobreza; también las provocó el huracán “fifí” en septiembre de 1973 que trajo terror, por los derrumbes y muerte que allí ocasionó; hubo desaparición de vecinos causada por la represión los años setenta y ochenta; la mayor parte de casas fue destruida por el terremoto del 10 de octubre de 1986; el desbordamiento del río “El Garrobo” de 2004, dañó el puente y dejó incomunicada temporalmente la misma Comunidad; y últimamente, el 3 de julio de 2008, una tragedia mas se suma y vuelve a sacar lágrimas a la gente de nuestro lugar.

 

Esa trágica noche, después de un día más de trabajo y esfuerzo para adquirir el  dinero,medio de cambio necesario para obtener alimentos y sobrevivir, venciendo el cansancio del día, fueron “mis conocidos”, en grupo a encontrarse con el Creador. A él habían agradecido por un día más de vida, por haber recibido de nuevo la luz del sol y haber compartido con sus familias.

 

Terminó la reunión, regresaban en el bus con esa convicción alimentada. De seguro cada quien a buscar, después de la comunión, cómo alimentar modestamente también su estómago para luego descansar en sus humildes casas producto de toda una vida de trabajo y lucha por transformar no solo su entorno físico sino también su entorno espiritual.

 

Lo eterno es importante, no se debe descuidar, la Palabra advierte “no mirando solo las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las que se ven son temporales y las que no se ven son eternas”.

 

Esa noche trágica, para nosotros, mas no para quienes partieron, fue posiblemente de celebración para las tinieblas, pero ese morir fue ganancia para quienes alzaron el vuelo a la eternidad; del bus, directo abordaron el avión celestial para emprender su último viaje donde ángeles, de seguro, los recibieron en el abordaje. Ahora están descansando de sus trabajos, de sus preocupaciones, de sus angustias… pero sus obras con ellos siguen.

 

Como bien señaló el Comunicado de la Misión afectada, esta tragedia fue causada por el pecado de la ambición desmedida, de quienes destruyen  implacablemente el medio ambiente; los que están detrás de esa ambición no les importa, quienes tengan que pagar el costo hasta si es posible, con su propia vida. Esto nos indica que no solo se atenta contra el planeta, sino también contra quienes habitamos el planeta.

 

Abandonados hasta en la tragedia los dolientes, hicieron sus propios esfuerzos para localizar y enterrar los cadáveres… “Derribados… es cierto… pero no destruidos”.

 

Por supuesto que nunca pidieron perdón quienes dejaron inconclusas las obras de mitigación donde ocurrió la inundación.

 

Dejó dolor lo ocurrido pero nos hizo reaccionar… también reflexionar… con el hoy se prepara el mañana… el presente debe de ser un peldaño que verdaderamente nos lleve con seguridad al futuro.

 

2 comentarios:

  1. UN HERMANO EN CRISTO31 de mayo de 2009 a las 18:44

    Mi intención al referirme al tema de la tragedia de la Málaga, tiene como único propósito resaltar lo que a continuación he de exponer: Como todos recordarán el bus objeto de la tragedia quedó completamente destrozado y adherido a una columna cual si fuera un pedazo de papel y lo que quedó intacto para que el mundo lo viera y para que comprendiera que Cristo está por venir, fue la parte del bus que tiene la frase CRISTO VIENE PRONTO. En Lucas 21: del 25 en adelante que habla de señales en el sol, (tormentas solares, eclipses, del bramido del mar, sunamis etc.)En otras palabras, que la tragedia de la Málaga nos haga volver la vista al creador y que podamos buscar la pureza en nuestros corazones.

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  2. Ya fueron llamados nuestros hermanas y hermanas antes que nosotros, benditos ellos que ahora estan ante el Creador.
    Fue su voluntad y no la debemos cuestionar. Si somos verdaderos creyentes y tenemos fe en su voluntad, tenemos que aceptarla, asi como Cristo acepto sus suerte en la cruz

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