
Lo más grave de la pobreza es la carencia de alimentos. Nací en esa situación, el 10 de mayo de 1957, soy el mayor de ocho hermanos. Mis padres no tienen ninguna responsabilidad de ese entorno de crisis, por el contrario, ellos también fueron víctimas de la misma situación; hoy comprendo que como buenos padres, nos quisieron dar lo mejor para criarnos en un ambiente diferente; sin embargo, las condiciones en las que ellos enfrentaron el sistema no se lo permitió, pues fueron las mismas de marginación y exclusión, en las que vive la mayoría de la población salvadoreña. Esto me hace recordar, que Jesús fue también otra de las victimas, al hacerlo nacer en condiciones inhumanas junto a los animales en un establo. Pienso que para él la navidad, no es motivo de alegría. Nunca pudo disfrutar su estadía en la tierra y tras un juicio viciado y fraudulento, producto de un sistema igual, fue condenado a la pena de muerte; siempre fue victima de amenazas y persecución político-religiosa desde Herodes hasta Pilatos, sumados los fariseos.
Equivocadamente había pensado que mis padres habían sido los responsables de ese fatal principio, debido a que no habían planeado la cantidad de hijos a procrear, por no haber tomado en cuenta, la proporción de sus ingresos. Es que el sistema tiene la cultura de la improvisación, nuestra economía no es planificada; no se incentiva la elaboración de presupuesto, únicamente al consumismo.
Les pido perdón públicamente a mis abnegados padres, por ese error de apreciación; es que con una conclusión así estaba favoreciendo al sistema. Estaba exonerando, injustamente, al responsable directo, quien no les facilitó educación y demás medios para superar la situación. Soy hijo de obreros, mi padre dedicó su vida al taller de enderezado y pintura automotriz y mi madre a la costurería.
Me crié en una casa con piso de tierra sin ninguna división, como en la época de la horda primitiva pero en pleno siglo veinte, enclavada en los cerros de la zona sur de la capital San Salvador. Sin servicio de agua potable ni teléfono; el agua se tuvo que llevar en cántaros de los pozos y riachuelos de la misma montaña. Para la alimentación, cerca de dos décadas, tuvimos que acudir a los árboles frutales de la zona, al menos eso nos libró de morir por desnutrición; las guayabas, los mangos, las hojas de mora y otros frutos silvestres fueron los recursos que, a mi juicio, Dios puso a nuestra disposición para sobrevivir. En la actualidad esos recursos naturales, en el lugar ya no están disponibles. Eso significa, que hoy está más difícil sobrevivir.
Digo que mis padres nos quisieron dar lo mejor, porque, en mi caso, hicieron esfuerzos por mantenerme estudiando en un conocido colegio religioso de la capital (Liceo Cristiano), igual comenzaron a hacer con mis hermanos, pero llegó el momento que ya no lo permitió la crítica situación económica. Mis hermanos tuvieron que continuar en centros educativos públicos. Al final, tuve que terminar la educación media auxiliado de una beca y de esa misma forma, es decir becado, concluir estudios en la Universidad de El Salvador. Gracias a Dios, a mis padres y a ambos centros educativos, por disponer de esos recursos de ayuda, para personas en similar situación. Considero que a la Universidad de El Salvador, debe asignársele mayor presupuesto para apoyar al estudiante pobre interesado en superarse.
Hace aproximadamente dos años, mis padres, estuvieron celebrando sus BODAS DE ORO, fue un evento trascendental en el entorno familiar, entre música de mariachis y celebración bien merecida, se les entregó un diploma suscrito por los hijos; dedico en su honor este espacio; también mi reconocimiento y respeto por lo que conforme a sus posibilidades lograron hacer por nosotros, los hijos.
Si hubieren hijos que guardan resentimiento hacia sus padres por la pobreza y la frustración por no haber alcanzado sus sueños, les ruego encarecidamente, señalar al verdadero responsable de ese tropiezo y de la crisis, y por el contrario, pedirles perdón a sus padres por haber pensado así y, en los sucesivo, amarlos con toda su alma.
¡HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE, PARA QUE TE VAYA BIEN…Y SEAS DE LARGA VIDA EN LA TIERRA QUE DIOS TE DA!
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