jueves, 30 de abril de 2009

ASAMBLEA LEGISLATIVA


A PROPOSITO DE LA PRESIDENCIA DE LA PROXIMA ASAMBLEA LEGISLATIVA

Lic. Moises E. Alvarenga

Los resultados de dos elecciones en el primer trimestre del presente año, son más que suficientes para conocer la voluntad popular. Con todo y las “irregularidades” de todos conocidas y la actitud pasiva de autoridades “competentes” de conducir el evento, la mayoría se impuso y venciendo la amenaza y el miedo, confió en el Partido que obtuvo mas votos, sus candidatos y su proyecto político.

Es probable que si se hubiese hecho una tercera votación, de nuevo se habría obtenido el mismo resultado.

Frente a ese escenario, no es ético ni moral, que partidos que no constituyen la primera fuerza política estén expresando aspiraciones por la Presidencia de la Asamblea Legislativa.

El Art. 85 de la Constitución dice que “el sistema político es pluralista y se expresa por medio de los partidos políticos, que son el único instrumento para el ejercicio de la representación del pueblo dentro del gobierno.”

Es lógico que a mayor cantidad de votos a favor de un partido político, mayor representación de diputados debe tener, en este caso, en la Asamblea Legislativa.

Este órgano de gobierno, cuenta según las recientes elecciones, con un Partido al cual el pueblo le dio con sus votos una evidente mayoría. Lógico, ese Partido debe conducir ese órgano de gobierno, obtuvo mayor cantidad de votos a su favor.

Es ridículo, que aquel Partido que no representa una mayoría del pueblo elector, pretenda ocupar un puesto como la Presidencia, que el pueblo no le ha dado.

El único mensaje positivo que surgió en la campaña electoral, de parte de la derecha, y que el pueblo tomó muy en cuenta es que se debía votar con sabiduría, y así lo hizo. Allí está el resultado, tanto en la elección de enero como la de marzo, el pueblo votó con sabiduría y así lo hará en lo sucesivo. El voto con entendimiento venció el voto producto de los sentimientos. El voto razonado se impuso al voto emocionado, por lo tanto, señores representantes del pueblo, deben acatar sin argumento alguno, la voluntad de esa mayoría. La Presidencia del primer órgano de gobierno le corresponde, según los procesos electorales recientes, al Partido que obtuvo mayor cantidad de votos. Esto no tiene ninguna discusión ni amerita arreglos, el pueblo no votó por el continuismo, votó por los cambios. No se debe olvidar, que conforme el Art. 83 de la Constitución, la soberanía reside en el pueblo, no en los partidos políticos ni en los funcionarios.

Esa mayoría del pueblo que decidió por el cambio, expresada en dos elecciones continúas, son más que suficientes para acatar esa voluntad. La del mes de enero, fue contundente a nivel de la representación de diputados. No debe determinarse a nivel de cantidad de Alcaldías Municipales obtenidas por partido, sino a nivel de diputados electos.

La del mes de marzo, lo que hizo fue ratificar la decisión de la elección del mes de enero.

No pueden venir partidos marginados en las elecciones a un segundo lugar, a reclamar la Presidencia de la Asamblea Legislativa. Esto no tiene lógica.

Si justicia es dar a cada uno lo suyo, lo suyo para el partido con mayoría en la Asamblea, es la Presidencia de ese órgano de gobierno.

La justicia mayoritaria hacia un partido, llevó al poder al Presidente electo del órgano ejecutivo. Dar a cada quien lo que le corresponde. Hubiere sido injusto, si el T.S.E. le hubiese adjudicado el Ejecutivo a un partido que no obtuvo la mayoría de votos en las recientes elecciones. A ese con toda lógica no le corresponde. Una decisión absurda en tal sentido, habría provocado descontento popular como ocurrió en los años setentas.

Los que quedaron en un segundo lugar, no pueden ni deben reclamar, después de las recientes elecciones, los privilegios y repartos tradicionales de instituciones que mediante la componenda oscura, producto de la mente de la bestia, se habían adjudicado a espaldas del pueblo.

Ambas elecciones constituyen la expresión y la voluntad actual del pueblo salvadoreño.

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